En cinco meses de intensa actividad, el volcán Poás sigue evolucionando y tranformándose. Su paisaje ya no es el mismo.

El buen tiempo que predominó el domingo anterior le permitió al vulcanólogo Raúl Mora Amador descubrir varias grietas que están uniendo los tres boquetes, que ahora se observan en el fondo del cráter y que exhalan azufre, ceniza y vapor de agua.

“Se ven fracturas o zonas de debilidad, terrazas que se mueven  pues un bloque se baja con respecto a otro (…) ¿Qué va a pasar con esas fracturas? (…) Hay que darle tiempo a ver que pasa. No sería de extrañar que algo se forme ahí, o que se forme otro cono”, dijo el experto.

Hay una fisura que se extiende por unos 150 metros, tiene una profundidad de 10 a 15 metros y en algunos tramos el ancho es de más de 10 metros. Hay otros que son de menor tamaño.

Raúl Mora dijo que, además, llama la atención la formación, todavía incipiente, de una tercera boca que por ahora solo emana vapor de agua, pero que tiende a ser otro ‘volcancito’ con salida de azufre.

Secuela de efectos

El Poás entró en actividad el pasado 1.° de abril y ya el 9 de ese mes el parque nacional debió ser primero desalojado y luego cerrado por la intensa emanación de gases. El 12 de abril –Miércoles Santo– se registra la primera erupción fuerte con lava, y dos días después –el Viernes Santo– lanza una poderosa erupción de cuatro kilómetros de altura.

Este es un orificio de impacto de un objeto balístico que se estima tenía un diámetro de cuatro a cinco metros.

Sin embargo, es el 22 de abril, a las 10:12 p. m. que se presenta la más poderosa emanación que pudo haber alcanzado los cinco kilómetros de alto. Las piedras que lanzó llegaron hasta los tres kilómetros de distancia.

Raúl Mora, vulcanólogo de la Universidad de Costa Rica (UCR) y de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), reconoció que fue casi cinco meses después del incremento de las expulsiones que se arriesgó, junto con otros especialistas, a recorrer el cráter para recoger evidencias.

Agregó que la visita se hizo en un momento de muy baja sismicidad y cuando las emanaciones son esporádicas, pero advirtió que la naturaleza es impredecible y el volcán puede lanzar una erupción sin dar señales previas.

Explicó que en primera instancia pudo constatar visualmente que hay tres cavidades por donde sale el material. La principal y más grande está ubicada donde estuvo el domo. Por ahí están saliendo ceniza, piedras y el vapor de agua.

Los cambios del volcán han sido monitoreados por los vulcanólogos.

Una segunda la ubicó donde estuvo la laguna de agua caliente y mantiene una constante salida de azufre; y la tercera es de muy reciente surgimiento, y de  ella solo brota vapor de agua. Empero, según su criterio, por la ubicación dentro del antiguo lago, esta última se convertirá en otro foco de expulsión de azufre.

Otro de los elementos que le llamó la atención es la enorme cantidad de piedras que se acumularon hacia el este del cráter, que es donde se ubican el mirador, el centro de visitantes, el parqueo y el sendero hacia la laguna Botos.

“Hay mucha evidencia de que la ladera este es la más afectada. Hay áreas, casi estoy seguro, en que no hubo espacios en que no cayeran impactos (piedras). Los cráteres indican que hay rocas que pudieron haber tenido tres o cuatro metros de diámetro del tamaño de un carro (…) otras que cayeron fundidas a más de 1.000 grados (Celsius).

La vegetación de la ladera este está quemada y doblada por efectos de los flujos piroclástico.

“Hay evidencia de los flujos piroclásticos (son gases calientes con material sólido que viajan a nivel de suelo). Ahí la vegetación se quemó por completo. Las ramas y los árboles quebrados por las rocas que pasaron como esquirlas o cuchillos y otras aplastadas por la oleada que tuvo que ir muy rápido”, describió el especialista.

Según Raúl Mora, el hecho de que la ladera este sea la más afectada se dabe a que el conducto principal tiene una leve inclinación hacia ese sector.

El vulcanólogo hizo ver que también se observan elementos balísticos en los sectores suroeste y oeste, por donde hay personas que siguen subiendo de manera ilegal hasta el crater. Esos caminantes utilizan senderos por fincas y ingresan por Bajos del Toro, en el cantón de Valverde Vega.

En uno de los boquetes, que está en la antigua laguna de agua caliente, está saliendo azufre.

Raúl Mora pronosticó que el Poás va a seguir con expulsiones por bastante tiempo. “El anterior período de actividad fue entre 1953 a 1955. Después vino un período en el cual siguieron erupciones ocasionales. Recuerde que la laguna de agua caliente se formó hasta 1967. Fueron casi diez años”, manifestó.

El experto dijo que por evidencias anteriores se estima que las erupciones del Poás difícilmente superarán los cinco kilómetros de altura.

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