Los templos del saber de la capital han sido profanados por las pandillas. Sus
marcas no solo aparecen en las paredes de los centros educativos sino
también en los corazones de los alumnos y docentes tras el asesinato de
estudiantes.

Los alumnos del nivel medio han sido los más asediados en los últimos años.
Y es que esta no es una tarea difícil para estos grupos que se encargan de sembrar
la intranquilidad en barrios y colonias de la capital, debido a que decenas de
centros estudiantiles se encuentran en sus llamadas “zonas controladas”.

Es de esta manera que se conoce que de los 1,134 centros educativos que
funcionan en el Distrito Central (DC), 381 se sitúan en zonas asediadas por maras y pandillas, es decir, una de cada tres instituciones de enseñanza se encuentran en sectores de elevado riesgo social.

Del total de las instituciones ubicadas en zonas donde existe presencia de estas
asociaciones ilícitas, el 12 por ciento se encuentran en territorios dominados por
los integrantes del grupo conocido como “Barrio 18”.

El 21 por ciento se encuentra en territorio donde se ha establecido la Mara
Salvatrucha y uno por ciento está localizado en zonas dominadas por pandillas
menores que han surgido en los últimos años, como El combo que no se deja
y Los Chirizos.

El cruce de datos realizado por este rotativo indica que el 66 por ciento de los
centros educativos se encuentran en zonas que de manera aparente se
encuentran libres de esta influencia.

Autoridades educativas

Por su parte, las autoridades de la Secretaría de Educación ubican 20 centros de enseñanza
en la categoría de vulnerables por el imponente dominio de la violencia.

Esta identificación se fortaleció a raíz de que a comienzos de año el emblemático Instituto Modelo, ubicado en la colonia Nueva Esperanza de Comayagüela, cerró sus puertas debido a
las amenazas de extorsión.

A pesar del intento de continuar el año lectivo con presencia de efectivos de la
Policía Militar del Orden Público (PMOP), los propietarios del centro de enseñanza optaron por suspender operaciones luego de 37 años de trayectoria, pues el temor de padres de familia y alumnos generó una baja significativa en la matrícula.

De manera que las autoridades de Educación fortalecieron lazos con la Secretaría
de Seguridad para brindar seguridad a los estudiantes de establecimientos
educativos vulnerables.

Otro de los detonantes este año fue la muerte de dos estudiantes del
Instituto Central Vicente Cáceres (ICVC) en sucesos violentos.

“Los problemas que tienen nuestros estudiantes no son dentro de la institución,
son fuera de ella, por eso nosotros pedimos seguridad en las afueras del colegio”,
explicó Alejandro McCarthy, director del ICVC.

El pago de los guardias de seguridad privada lo hacen las autoridades educativas
y padres de familia desde 2012.

McCarthy aclaró que “del portón a la calle le corresponde formar a los jóvenes a
sus padres y del portón para dentro sí nos compete a nosotros”.

“Por desgracia se perdieron vidas, las circunstancias no las sabemos,
pero exigimos justicia”, clamó el educador. También explicó que, pese a las
muertes violentas de estudiantes de la institución, la matrícula bajo más durante
2016 que en 2017.

El año pasado se retiraron 120 estudiantes y este año han desertado 36 alumnos.
¿Y las marcas de simbología de maras en las paredes, quién las hace?
La respuesta del titular del ICVC es que algunas son heredadas y por falta de
recursos no se ha podido pintar; además, algunos alumnos rayan las paredes por
rebeldía.

Mientras que al consultarle a los estudiantes sobre los autores de esas manchas
la respuesta era similar: los vándalos.

¿Hay estudiantes que sean pandilleros?, se le consultó a un par de
estudiantes que se encontraban sentadas en una de las graderías de un edificio.

“Lo que se ve no se juzga, ellos hacen los “placazos”, pero si uno no los busca no
se meten con uno”, fue la respuesta de una de ellas.

La mayoría de los murales con simbología de pandillas se encuentran en los
baños, sobre todo de los varones, pero se comenzó a pintar algunas paredes con
el apoyo de los padres de familia.

Seguridad

En la actualidad los efectivos de la Policía Militar del Orden Público (PMOP)
resguardan a estudiantes de 15 centros educativos.

Entre los institutos que poseen vigilancia permanente se enlistan el Jesús Aguilar Paz, Héctor Pineda Ugarte, Mixto Hibueras, Saúl Zelaya Jiménez y Central Vicente Cáceres.

En los centros de enseñanza en los que no se puede brindar resguardo durante
toda la jornada se realizan patrullajes durante el horario de ingreso y salida de
los alumnos y se vigila los alrededores de cada establecimiento.

La mayoría de estos centros educativos se localizan en la ciudad de Comayagüela.
Otra de las medidas que impulsan las autoridades de la PMOP es formar a 40 mil estudiantes de 33 centros educativos de la capital con charlas en prevención de consumo de drogas.

Recomendaciones

Según un documento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, denominado “Convivencia en paz sin armas”, en el módulo de “La violencia en los centros educativos”, entre los principales factores que ponen en riesgo a las instituciones se encuentra la tendencia de algunos estudiantes de admirar los actos cometidos por las maras y pandillas.

Además de que los estudiantes viven en un vecindario hostil, falta de áreas
recreativas y ausencia de redes de apoyo comunitarias.

En este informe se recomienda a las autoridades educativas mantener activo
un plan de prevención de violencia con los alumnos propensos a manifestar comportamientos violentos.

Además se aconseja nunca negar que el problema existe en la comunidad
educativa, pues esto ayudará a buscar soluciones viables para contrarrestarlo.

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