La pasta y la pizza, dos comidas llegadas de italia, están muy ricas. Poca gente pone en duda esta afirmación, aunque no todos incluyen estos dos alimentos en su dieta en la misma cantidad y regularidad. Hay personas que son más propensas a alimentarse de pasta y pizza prácticamente a diario, incluso si no viven en un piso de estudiantes.

El motivo de esta atracción es puramente científico, o más bien fisiológico: las papilas gustativas. Un grupo de científicos australianos lo acaba de comprobar en un estudio que, pese a sus peros, establece una relación más o menos sólida entre el gusto y la cantidad de pasta y pizza ingerida.

Resulta que hay ciertas personas cuyas papilas gustativas están más desarrolladas para captar el sabor de los carbohidratos, el principal componente de comidas como la pasta, el arroz, la pizza o el pan, en definitiva, aquellas que vienen de cereales.

Esto provoca que consuman más a menudo y en mayores cantidades las variedades de estos alimentos que son más accesibles, provocando una reacción directa: engordan más. No en vano, estas comidas son ricas en carbohidratos complejos, una bomba de energía calórica que el cuerpo acumula como grasa si no se quema a tiempo.

El modus operandi del estudio fue seleccionar a 32 adultos sanos, darles a probar una solución rica en carbohidratos y esperar a ver sus reacciones. Los científicos descubrieron que los sujeros que se mostraron más agradados por el sabor también eran los que presentaban un mayor índice de grasa corporal.

A partir de esta pista, pudieron rastrear el origen del problema hasta la cantidad de carbohidratos ingeridos y luego a las papilas gustativas. Este hecho ha sido facilitado gracias a un reciente descubrimiento: además del nuevo umami, hay un sabor más en el catálogo: el “almidonado”, aunque aún no ha sido reconocido de forma oficial.

El estudio, sus datos y conclusiones se pueden leer de forma más extensa en The Journal of Nutrition.

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