Ankara busca romper el control territorial de las milicias kurdas, un pueblo apatrida que se desparrama en cuatro provincia del norte sirio frente a la frontera turca. Son aliados de EE.UU. y fueron duros combatienes contra la banda terrorista del ISIS.

Desde que comenzó la ofensiva 85 combatientes kurdos murieron así como 81 milicianos aliados a Turquía, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Aunque el gobierno turco aseguró que las operaciones sólo están dirigidas hacia objetivos militares, 67 civiles, entre ellos 20 niños, murieron en los bombardeos. Los ataques de la aviación se concentraron en el noroeste y el suroeste de la región. El Observatorio informó, además, que un convoy con decenas de vehículos militares cruzó la frontera rumbo a un sector situado a unos 40 km al sur de Afrin. En este intento fueron interceptados por tropas del Ejército sirio, que responden a Al Assad. Lo cual obligó a las fuerzas turcas a replegarse hacia la provincia de Aleppo en el norte del país.

La ofensiva turca fue lanzada el 20 de enero, con apoyo del Ejército Libre Sirio (una agrupación heterogénea de fuerzas opositoras al régimen de Damasco), con el objetivo de expulsar a las milicias kurdas autodenominadas Unidades de Protección Popular. El gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, caracteriza como “terrorista” a esta milicia kurda, y la acusa de tener relación con el partido de los trabajadores del Kurdistan de Turquía, que reclama la autonomía del pueblo kurdo y la creación de un estado propio.

El gobierno turco encontró la excusa perfecta para atacar Afrin, cuando Washington manifestó su intención de crear una “fuerza fronteriza” de unos 30.000 hombres, incluidas las milicias de las YPG. El gobierno ruso, cuyo apoyo a Damasco es crucial, se mantiene al margen de la ofensiva de Turquía en Afrin, como forma de debilitar la influencia estadounidense en la zona.

El conflicto en Siria parece estar lejos de resolverse, así lo manifestaron los participantes que iniciaron ayer la “Conferencia de Paz” de Sochi, Rusia. El encuentro fue boicoteado por las delegaciones de algunos grupos rebeldes, que tras una demora en el inicio del encuentro, regresaron al aeropuerto en protesta.

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