El ya de por sí turbulento proceso de divorcio de Melanie Brown no hace más que complicarse por momentos. Ahora la cantante se enfrenta a una nueva batalla legal que podría costarle hasta 1,6 millones de dólares después de que una jueza de Los Ángeles admitiera a trámite esta semana la demanda por difamación interpuesta por la antigua niñera del matrimonio, Lorraine Gilles.

En los documentos legales presentados por la ex Spice Girl para finalizar su matrimonio, ella acusaba a su empleada de mantener una aventura con su entonces aún marido Stephen Belafonte y quedarse embarazada como resultado de estos encuentros sexuales, tras lo cual se sometió a un aborto que pagó la propia artista.

Por su parte, Lorraine ha sostenido en todo momento que Melanie estaba al corriente de su romance con Stephen, ya que participó con ellos en varios tríos y ellas mismas mantenían una relación sexual al margen de Stephen. Además, la niñera afirma que, pese a que sí se quedó embarazada, no fue del entonces marido de la artista y alega que la cantante fue quien se ofreció a ayudarla y apoyarla durante todo el proceso para interrumpir la gestación.

En respuesta a las acusaciones realizadas por su antigua jefa, Lorraine ha presentado una demanda por difamación, invasión de la privacidad y estrés emocional reclamando a Melanie una cantidad aún desconocida por daños y perjuicios, aunque se calcula que, de ganar, la cifra que debería desembolsar la estrella del pop estaría cerca de los dos millones.

La jueza que se ocupa del caso ya ha instado a ambas partes a llegar a un acuerdo fuera de los juzgados.

Una de las últimas en pronunciarse acerca de la controvertida relación que Melanie mantenía con su niñera ha sido la propia madre de esta, que ha acusado a la cantante de pervertir a la entonces joven de 18 años, haciendo que pasara de ser una “inocente estudiante” a una “persona promiscua que participaba en sórdidos tríos que eran grabados en vídeo”. La madre de Lorraine también ha denunciado el acoso al que está siendo sometida su hija, quien, como ella misma recuerda, no vive en una gran mansión ni cuenta con un equipo de seguridad que la proteja de los perturbados que le envían cartas amenazantes.

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