Que las calles de Harare y Bulayawo se llenen de personas exigiendo la marcha de Robert Mugabe con el beneplácito de las fuerzas de seguridad es algo que hasta ayer era impensable. Pero desde hace unos días nada es lo que solía ser en Zimbabue, cuya nueva cúpula diseña a matacaballo la hoja de ruta que guiará el ansiado periodo de transición. Ansiado por la sociedad, la oposición y cada día más miembros del partido en el poder desde 1980, la Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente patriótico (ZANU-PF).

Hoy miles de zimbabuenses han salido de sus casas con el respaldo del Ejército y los veteranos de guerra (cuyo líder Christopher Mutsvangwa es quién han convocado la manifestación), para exigir la renuncia del presidente frente a la Sede del Gobierno en la capital, Harare. El lugar elegido para comenzar la concentración ha sido el mismo en el que hace 37 años unas 200.000 personas acudieron para recibirle al regreso del exilio al de la guerra de liberación. El simbolismo refleja el auge y la caída del revolucionario, que, pese a todo, está siendo tratado con respeto y sigue siendo llamado “honorable presidente” por quienes se han convertido de la noche a la mañana en sus rivales.

En este día “histórico” para el país, el general Constantino Chiwenga se ha convertido en un nuevo caudillo para el pueblo, ya que fue él quien el pasado lunes advirtió al gobierno de que habría una intervención del Ejército si no cesaban las intrigas dentro del ZANU-PF. La diáspora zimbabuense en Sudáfrica, Reino Unido y Estados Unidos, a donde miles emigraron cuando el estado colapsó a principios de este siglo, también ha mostrado su solidaridad con sus compatriotas.

Los líderes del levantamiento han declarado que si Mugabe no renuncia el sábado, se convocará una reunión especial del Comité Central de ZANU-PF el domingo donde considerarán presentar una moción de censura en su contra el próximo martes. Esta medida cuenta con el apoyo de las diez estructuras provinciales del partido, que opinan que el líder “ha perdido el control del partido y del gobierno debido a la incapacidad derivada de su avanzada edad”.

Acallados y reprendidos

Las manifestaciones en Zimbabue han sido un sueño para muchos desde la llegada de Mugabe al poder. Las pocas veces que se han llevado a cabo (las más importantes tuvieron lugar durante el verano de 2016) los participantes han sufrido una terrible represión policial, han sido arrestados y a veces torturados. “Sólo en julio, 332 personas fueron detenidas en relación con las protestas contra el gobierno”, dice un informe de Amnistía Internacional.

El pastor activista Evan Mawarire, convertido en un símbolo tras las protestas de 2016, tuvo entonces que huir del país por temor a las represalias. Desde su regreso a principios de año ha sido arrestado en varias ocasiones, la última por promover una manifestación pacífica a través de una charla en Facebook en la que se mostraba crítico con el gobierno y urgía a los zimbabuenses a buscar soluciones a la grave situación económica y política a la que se enfrenta el país desde hace años. Hoy ha descrito el evento como una “ocasión trascendental” y una “oportunidad para un nuevo comienzo que promueva el cambio democrático”.

El incombustible Mugabe está entre la espada y la pared desde el miércoles, viendo cómo colapsa su hegemonía y más aferrado que nunca a su silla presidencial. Una facción del ejército tomó el control del gobierno y retuvo al presidente y a su familia en su vivienda. Desde entonces ambas partes están negociando una salida digna para el padre de la nación, bajo la presión regional para que ceda el poder de manera pacífica. Hasta el palacio presidencial llegaron hoy los miles de manifestantes con la intención de acceder a su interior, pero el ejército les impidió la entrada, según infoma AFP.

Este extraño golpe de estado, al que los militares evitan referirse como tal, se produjo después de que el mandatario destituyera al vicepresidente Emmerson Mnangagwa hace diez días para dejar vía libre a la presidencia a su mujer, la primera dama Grace Mugabe, llegado el momento. Los militares sostienen que Mnangwaga debe ser quien lidere el gobierno de transición. Mugabe fue visto ayer por primera vez desde la toma de control durante su participación en la entrega de diplomas en la Universidad de Harare. Su mujer Grace aún no ha aparecido en público.

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