Los partidos más importantes de la oposición venezolana han decidido no presentar candidatos con sus tarjetas en las venideras elecciones de alcaldes del 10 de diciembre. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, no ha disimulado su enojo en una rueda de prensa posterior a los anuncios, sucedidos a lo largo del lunes, y ha asegurado que sus adversarios quieren “sabotear el proceso”. El gobernante amenazó con encarcelar a los dirigentes que llamen a “una insurrección contra el sistema electoral venezolano”. “En las cárceles hay bastante espacio”, agregó.

Acción Democrática (AD), Primero Justicia (PJ) y Voluntad Popular (VP), las tres formaciones más relevantes, han considerado que no es posible obtener resultados fiables mientras las votaciones sean organizadas por la actual terna chavista del Consejo Nacional Electoral (CNE). Las toldas, que están agrupadas en una plataforma electoral llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), han denunciado que las reglas impuestas por el organismo comicial impiden que se manifieste en las votaciones el rechazo que, según casi todos los estudios de opinión, tiene el régimen bolivariano entre los venezolanos.

AD y VP amenazaron incluso con expulsar a los militantes que decidan inscribirse por cuenta propia. La organización que lidera el preso político Leopoldo López ha dicho en un comunicado: “No seremos copartícipes de un nuevo fraude contra nuestro pueblo, e instamos a los demás partidos a no convalidar un fraude anunciado y ya comprobado el 15 de octubre (en las elecciones de gobernadores, ganadas sorpresivamente por los candidatos del régimen)”.

Es un argumento similar al de Alianza Bravo Pueblo, del encarcelado alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, y al de Primero Justicia, la formación del presidente del Parlamento, Julio Borges, y el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski. “No participaremos con un sistema que es fraudulento”, explicó Borges en una entrevista concedida al canal Venevisión. Su organización ha elegido pasar de largo de la competencia municipal y prefiere concentrarse en lograr condiciones equilibradas para las elecciones presidenciales de 2018. “De lo contrario”, advirtió, “no se concretará lo que quiere el 80 % del país: que Maduro se vaya del poder”.

La oposición luce decidida a entregar los gobiernos locales al chavismo, a los partidos de oposición que aún creen que las victorias de los candidatos del régimen son la consecuencia de errores propios y no de trampas ajenas, o a los independientes que puedan superar los requisitos que exige el CNE para aprobar la postulación. Es una jugada de riesgo porque perderían en municipios donde el régimen jamás ha gobernado, como los del sureste de Caracas, rabiosamente opositores. Los partidos prefieren encomendarse en esta hora crítica al efecto que podrían causar las sanciones internacionales apuntaladas por Washington y a la eventual mejora de las condiciones electorales, que incluya la presencia de observación internacional, para volver a participar.

Con esta decisión los principales partidos de la oposición han formado un gran bloque abstencionista. Contra esa pretensión Maduro ha llamado “a defender la verdad del sistema electoral que está garantizado plenamente en cualquier condición, como fue el 15 de octubre”. “No puede ser que por cuestiones oportunistas se pretenda siempre atacar al poder electoral de manera ilegal e inconstitucional”, agregó.

El CNE, que responde a los intereses del régimen, ha respondido con prontitud al llamado de la Asamblea Nacional Constituyente -el congreso de soviets al que están sometidos todos los demás poderes, que no es reconocido por la oposición y la comunidad internacional- para convocar a las municipales. La oposición recibe la noticia aún perturbada por el varapalo sufrido en las elecciones regionales, cuando apenas obtuvieron cinco de las 23 gobernaciones en disputa. Las encuestas pronosticaban que se impondrían en al menos 12 provincias. Entre las causas de su derrota la MUD ha denunciado la acción interesada del CNE, que reubicó colegios electorales a 72 horas del día de la elección, que nunca publicó el cronograma electoral, ni permitió que se modificara el tarjetón a pesar del retiro de algunos candidatos.

Con sus dilaciones, además, el CNE siempre extendió el plazo para que el régimen pudiera enfrentar el proceso de renovación de todos los cargos de elección popular en las mejores condiciones posibles. Los errores estratégicos de la oposición también han contribuido para que ahora el chavismo luzca sólido, a pesar de la pavorosa crisis económica que lastra al país.

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