La Fiscalía lusa investiga la muerte de Ivanice Carvalho da Costa, ciudadana brasileña de 36 años acribillada por agentes de la Policía de Seguridad Pública (PSP) que confundieron el coche en el que viajaba con el conducido por una banda de ladrones que se habían dado a la fuga después de realizar un atraco.

El suceso tuvo lugar durante la madrugada del miércoles, poco después de que se registrara el atraco a un cajero con explosivos en Pragal, una aldea en el margen sur del río Tajo en su paso por Lisboa. En un intento de atrapar a los ladrones, la Policía portuguesa lanzó una operación relámpago con controles en distintos partes de la capital portuguesa. Los seis agentes implicados en el tiroteo se cruzaron con Carvalho de Costa mientras ella se dirigía al Aeropuerto Humberto Delgado, donde trabajaba de camarera en un restaurante. Viajaba de pasajera en un Renault Mégane conducido por un compañero, coche que la Policía confundió con el Seat León conducido por los ladrones.

Los agentes dieron indicaciones para que se detuviera el coche, pero el conductor no entendió las órdenes o hizo caso omiso a la Policía, pues conducía sin carnet válido, y se sospecha que decidió ignorar las indicaciones al temer ser detenido Al seguir avanzando el coche, los agentes dieron por hecho que se trataba del vehículo conducido por los ladrones y abrieron fuego. Una de las balas alcanzó la cabeza de la brasileña, que murió en el acto.

Casi a la vez que la Policía disparaba hacia el Renault de la brasileña, el Seat León de los criminales esquivaba un control policial a menos de un kilómetro de distancia y conseguía zafarse definitivamente de los coches patrulla que le perseguían al dejar caer varios extintores de fuego. Mientras Carvalho de Costa moría a la entrada del Aeropuerto donde trabajaba -y en el que había aterrizado al inmigrar a Portugal del estado de Paraná hace 17 años–, los ladrones de Pragal desaparecían en la nube de polvo blanco producida al estallar los extintores contra el suelo.

32 muertes colaterales en 10 años

El Ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita, ha calificado el episodio de “circunstancia infeliz”, asegurando que la víctima simplemente se encontraba en el sitio equivocado a la hora equivocada. Sin embargo, la revelación de que más de 20 balas alcanzaron el vehículo en el que viajaba la fallecida ha puesto en duda la actuación de los agentes, que algunos críticos tachan de excesiva.

Es precisamente este factor el que ha llevado a la investigación formal de los agentes por parte del Ministerio Público, que tendrá que aclarar si se siguieron los protocolos vigentes para este tipo de situación. Los expertos señalan que será clave determinar si los agentes involucrados en el suceso se encontraban frente por frente con el coche, lo que les habría dejado en peligro inminente cuando el conductor del mismo ignoró las órdenes de detener el vehículo. En estos casos sí sería aceptable la manera de proceder.

La muerte de Carvalho de Costa eleva a 32 el número de muertes colaterales en operaciones policiales en tierras lusas durante la última década. Según la sección de Investigación General de la Administración Interna (IGAI), 15 civiles inocentes murieron a manos de agentes de la Guardia Nacional Republicana (GNR) entre 2006 y 2016, mientras que 16 fallecieron como resultado de intervenciones de la PSP durante el mismo periodo. El número es llamativo debidas las reducidas tasas de crimen violento en Portugal, que actualmente figura como el tercer país más pacífico del mundo según la última edición del Índice Global de Paz.

Al igual que el ministro Cabrita, los principales sindicatos policiales consideran que la muerte de Carvalho es una tragedia que habría sido difícil de evitar, pero a la vez conceden que los agentes de la PSP se beneficiarían de mejor formación en el uso de sus armas. Portavoces sindicales señalan que una vez que se obtiene la certificación obligatoria, los agentes sólo entrenan en el campo de tiro de dos en dos años. Recortes impuestos por sucesivos Gobiernos ponen limitaciones graves sobre las municiones que pueden ser gastadas por los agentes; por este motivo, quienes pretenden mejorar sus capacidades tienen que pagar los entrenamientos de su propio bolsillo.

Mientras la Fiscalía investiga lo que falló en la operación policial que costó la vida de Carvalho de Costa, desde Brasil su familia se muestra angustiada al no poseer los fondos necesarios para repatriar el cadáver de la fallecida. En declaraciones a la prensa brasileña la madre de la víctima, Maria Luzia da Costa, ha lanzado una petición para que el Ejecutivo luso tome cartas en el asunto, y ha exigido “que la traigan aquí. La culpa es de ellos, del Gobierno, del Estado. Que ellos me devuelvan a mi hija“.

Fuentes de la Embajada de Brasil indican que están en contacto con la familia e intentarán encontrar una solución al problema para que la mujer pueda ser sepultada en su tierra natal. En principio no será la intervención del Estado portugués ya que las legaciones diplomáticas brasileñas cuentan con fondos reservados para prestar apoyo financiero a familias necesitadas.

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