Las personas que a diario caminan por el Centro Histórico de la capital, en algún momento se extrañan de encontrar un templo católico casi a cada cuadra, y se preguntan cuál fue la razón.

La respuesta la da el historiador Haroldo Rodas, quien señala que en la Colonia la vida de la sociedad giraba en torno a la religión. El español consideraba todo como un regalo de Dios, y por ello aportaron cuanto pudieron a la construcción de edificios para el culto divino.

Originalmente, la capital comprendía de la 1a. a la 12 avenidas, y de la 1a. a la 18 calles de la zona 1, donde quedan unas 30 construcciones religiosas, señala Miguel Alvarez Arévalo, director del Museo de Historia.Templo de Santo Domingo, hoy Basílica. Foto anterior a 1917. (Foto: Hemeroteca PL)

Templo de Santo Domingo, hoy Basílica. Foto anterior a 1917. (Foto: Hemeroteca PL)

Menos iglesias

Cuando la capital es trasladada, por cuestiones económicas ya no se construyen tantos templos religiosos, como en Antigua.

Las iglesias se construían por orden real, pero hoy en día es imposible estimar el costo de la edificación de un templo, agrega Rodas. En muchas ocasiones, la construcción de una iglesia llevaba de 30 a 40 años, subraya Alvarez.

Los templos también tenían espacios para efectuar inhumaciones, en patios como el de Santo Domingo, o en bóvedas subterráneas como las de La Merced o San Francisco. Las personas de linaje fueron sepultadas en Catedral, San Francisco o Santo Domingo.

Templo de San Francisco, antes de los terremotos de 1917 y 1918. (Foto: Hemeroteca PL)
Templo de San Francisco, antes de los terremotos de 1917 y 1918. (Foto: Hemeroteca PL)

A través de la Iglesia, se ejercía un control del crecimiento poblacional, pues llevaban registros de bautizos y casamientos, agrega Rodas. Incluso, el nombre de la calle se tomaba de la iglesia. Así, por ejemplo, la 3a. calle oriente se denominó de San Sebastián; la 5a. calle, de La Merced; la 10 avenida norte, de Santa Rosa, y la 14 calle oriente, de las Beatas de Belén, entre otras, continúa Alvarez.

Liberales anticatólicos

Con la llegada de Justo Rufino Barrios al poder, luego de la Revolución Liberal de 1871, la Iglesia pierde sus propiedades y algunos conventos pasan a ser parte de edificios públicos, como el convento de Santo Domingo, que se convirtió en la sede de Rentas Internas, y hoy da albergue al Instituto de Antropología e Historia.

Aspecto original del Templo de Beatas de Belén. (Foto: Hemeroteca PL)
Aspecto original del Templo de Beatas de Belén. (Foto: Hemeroteca PL)

Lo mismo ocurrió con el convento de San Francisco, sobre el cual se construyó la Dirección General de la Policía Nacional; el Colegio Tridentino fue transformado en el Instituto Nacional Central para Varones.

Otros conventos fueron destruidos, como el de Concepción, que estaba atrás del actual Palacio Nacional.

Iglesia de Candelaria, se aprecia al fondo la pileta pública. Foto anterior a 1917. (Foto: Hemeroteca PL)
Iglesia de Candelaria, se aprecia al fondo la pileta pública. Foto anterior a 1917. (Foto: Hemeroteca PL)

Estilo neoclásico

Contrario al estilo barroco que se observa en las construcciones de Antigua, en la nueva Guatemala se impone a la arquitectura el barroco tardío, como Capuchinas y el anterior templo de San José, y luego la transición del estilo barroco al neoclásico, como Santo Domingo y La Merced, hasta el neoclásico plasmado en la Catedral y San Francisco, y por último, el estilo ecléctico, una combinación de todos, como el Santuario de Guadalupe o El Calvario.

Aspecto de la Catedral antes de 1917. (Foto: Hemeroteca PL)
Aspecto de la Catedral antes de 1917. (Foto: Hemeroteca PL)

Alvarez considera que los templos son los ancestros de la ciudad, y siguen siendo el alma y espíritu de la Nueva Guatemala.

Rodas recuerda que estos templos deben verse como el medio que fusionó lo espiritual, lo cultural y la vida cotidiana del guatemalteco, y no como un fósil entre comercios y ventas callejeras.

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