Con el crimen perpetrado contra Massiel González, ocurrido la noche de este lunes en Carretera a Masaya, el programa Voces, de la organización Católicas por el Derecho a Decidir, contabiliza 50 femicidios y seis asesinatos en lo que va del 2017, con lo cual  se supera las cifras del año pasado, en el que se registró 49 femicidios y tres asesinatos.

El autor del crimen contra González fue Óscar Alberto Berríos, un vigilante que según dijeron las autoridades policiales en el sitio, era su novio. Las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres alertan sobre la espiral de violencia que vive el país.

“Lo que hemos indagado es que se trata de un hecho pasional.  El señor Óscar Alberto Berríos, de 25 años, trabajador de una empresa de seguridad tuvo una visita de su novia, tuvieron una discusión y luego éste disparó el arma que portaba, un revólver calibre 38”, explicó el comisionado mayor de la Policía Nacional, Sergio Gutiérrez.

“No es un crimen pasional”, afirma activista

Esto fue criticado por la activista de Derechos Humanos, Magaly Quintana, el hecho que se siga diciendo que se trata “de un crimen pasional”.

“No, no son crímenes pasionales, son crímenes producto de una cultura machista donde el Estado de Nicaragua no quiere hacer nada para transformar esta cultura”, aseveró Quintana, quien cuestionó que desde hace meses la vicepresidenta designada por el Consejo Supremo Electoral, Rosario Murillo, anunció una campaña contra los femicidios pero “es hora y la campaña no existe”.

“Eso nos indica que el Estado de Nicaragua no quiere hacer absolutamente nada para frenar esta barabarie (…), pues es al Estado de Nicaragua que le corresponde tomar las medidas necesarias a través de políticas públicas que contribuyan a disminuir esta situación “, dijo Quintana quien reconoció que en esta tarea contra la violencia debe sumarse toda la sociedad, sobre todo en materia de educación desde la niñez sobre el respeto a las mujeres.

Recordó que en lugar de presentarse un avance en las políticas públicas para frenar este problema, en Nicaragua ha sucedido lo contario pues dijo que la mejor prueba fue la Ley 779, Contra la Violencia Hacia la Mujer con la que más bien hubo un retroceso.

A criterio de Quintana, la Ley 779 pudo haber sido un instrumento para disminuir la violencia contra las mujeres pero en la práctica fue reformada con un decreto y luego con reformas al Código Penal que no fue más “que legalizar la arbitarriedad de ese decreto”.

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