Lo de posicionarse en la vida no le suele salir bien al ganador del Oscar por el guión de El indomable Will Hunting: cada vez que habla, las think pieces y la indignación global florece en su contra.

Las últimas han sido varias actrices de Hollywood, que se han dispuesto aleccionar al actor en la importancia del #MeToo desde Twitter y medios de comunicación, ante el desconocimiento del intérprete, que se defiende como progresista, cuando habla del tema. “Creo que hay una diferencia en el espectro de este tipo de comportamientos”, dijo Matt Damon en una entrevista en ABC News,“hay una diferencia entre, ya sabes, agarrar a alguien del culo y violar o abusar de niños, ¿verdad?”.

En lugar de apostar por una reflexión social sobre qué dinámicas se han impuesto y cuáles deben modificarse frente al acoso sexual y el abuso de poder en el ámbito laboral entre hombres y mujeres, Damon lamenta que la única consecuencia de esta oleada de indignación global (que también criticó duramente mientras aplaudía el “empodaramiento femenino”) sea la de hombres que ven dinamitada su carrera profesional. “El signo inequívoco hacia hombres y chavales jóvenes es que lo nieguen. Porque si tomas responsabilidad de tus actos y de lo que hiciste, sabes que tu vida se vaarruinar“, lamentó.

Minnie Driver, que en su día fue pareja de Damon–el actor después voceó su ruptura, sin su consentimiento, en directo en el programa de Oprah–, mostró en Twitter su disconformidad con las declaraciones de su ex. Tras tuitear un “Dios Dios, ¿en serio?, la actriz escribió: “No. No se puede ser jerárquico con el abuso. Y no puedes decirle a las mujeres que solo porque un tío le enseñó su pene su sufrimiento no es tan grave como el de una mujer a la que violaron“. Driver después ofreció unas declaraciones a The Guardian en las que criticaba el déficit de comprensión masculina frente a estas dinámicas de género: “Me he dado cuenta de que la mayoría de hombres, buenos hombres, hombres a los que amo, tienen dificultades para comprender. Simplemente no pueden entender lo que es el abuso en el día a día”.

Alyssa Milano, una de las “silence breakers” de la revista Time este 2017, también se sumó a intentar aclarar el abecé de la cultura patriarcal al intérprete. La actriz publicó un hilo en Twitter al respecto donde incluía frases como “He sido víctima de cada componente del espectro del acoso sexual del que hablas. Todos duelen. Y todos están conectados a cómo un patriarcado intervino para normalizar, e incluso, dar por bienvenida, este tipo de misoginia“. También respondió la supuestamente perjudicial “cultura de la indignación” de la que alerta Damon. “No estamos indignadas porque alguien nos toqueteó el culo en una foto. Estamos escandalizadas porque nos hicieron sentir que esto era algo normal. Estamos indignadas porque nos han hecho luz de gas. Estamos indignadas porque nos han silenciado durante mucho tiempo”. Para acabar haciendo un símil que simplificase la idea por si, así, lo entendía mejor de cara al futuro: “Hay diferentes etapas en un cáncer. Algunas son más tratables que otras. Sigue siendo un cáncer”.

Este no es un episodio aislado en la carrera del actor. La guerra a las meteduras de pata de Matt Damon, un intérprete que presume de su activismo con causas como la lucha contra el cambio climático o la escasez de agua en África, viene de lejos.

Si hace unas semanas también fue polémico su su malestar como “padre de hijas” respecto a las primeras acusaciones sobre Weinstein, es bien sabida que su capacidad para liarla no solo atañe a cuando habla sobre acoso sexual o feminismo. Ya en 2015, algunos medios preveían lo que estaba por llegar:  Matt Damon no es una mala persona, simplemente es un ignorante (Vox), Cállate, Matt Damon (The Daily Beast) o la variación del mansplaining que The Washington Post le dio a él solito cuando tituló Matt Damon todavía tiene mucho más Damonsplaining que hacer. Como cuando quiso restar importancia a la falta de diversidad racial en el cine y aleccionó sobre raza y privilegio a una productora afroamericana experta en racismo, Effie Brown (Dear White People, entre otros proyectos), ofreciéndole la solución apostando únicamente por actores de otras razas en el casting (lo que se ve) y no en otros puestos técnicos (“cuando hablamos de diversidad, lo haces en el casting de la película, no en el casting del equipo”).

Minnie Driver, entre Matt Damon y Ben Affleck, en la premiere de El Indomable Will Hunting en Los Ángeles en 1997.

Si bien solo lo intentó arreglar tras la oleada de críticas (“creo firmemente que debemos tener más directores negros haciendo películas”, dijo), Damon volvió al epicentro de la polémica cuando recomendó a los actores del mundo que nunca salieran del armario. Lo hizo en una entrevista a The Guardian en plena promoción de Marte. “Seas gay o hetero, la gente no debería saber cuál es tu sexualidad porque ese es uno de los misterios con los que deberíamos ser capaces de jugar”, dijo, casualmente, en una entrevista en la que él hablaba sobre su mujer y su lado familiar alejado de las cámaras.

En Por qué Matt Damon debería empezar a escuchar y dejar de hablar, publicado al hilo de la última polémica del actor en The Lily (el portal femenino de The Washington Post), Rachel Hatzipanagos pone perspectiva a los continuos derrapes del actor y aventura un cambio de paradigma en la hasta ahora permitida complacencia frente a aquellos incapaces de reflexionar. “Damon es un bro (machote) que va de progresista y que se niega en rotundo a escuchar las críticas de mujeres y gente de color, ya sea sobre sus amigos o sobre su trabajo. No quiere aprender porque ya lo sabe todo. Sus compañeros intentan enseñarle sobre acoso y diversidad, pero Damon insiste en pasar de ellos. Incluso con su sonrisa de Hollywood y sus credenciales progresistas, Damon no será inmune a las críticas, ahora que el #MeToo ha iniciado su camino. Debería empezar a escuchar a las mujeres que lo rodean, o al menos, podría callarse“.

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