Solo treinta horas después de que la ciudad de Nueva York reviviera la pesadilla del terrorismo, los tres aspirantes a la alcaldía de la gran metrópoli de Estados Unidos celebraron el último debate ante los comicios del próximo martes. La seguridad ciudadana se colocó inevitablemente en el centro de intercambio, con posiciones claramente enfrentadas sobre como afrontar una amenaza que muta. El careo se produjo en un momento especialmente delicado. La primera pregunta, también. El moderador pidió si estaba a favor de que se vigilaran las mezquitas como medida de prevención de futuros ataques. El demócrata Bill de Blasio, que busca la reelección, se opuso abiertamente. En su opinión lo que se debe hacer es mejorar las relaciones entre las fuerzas del orden y las comunidades.

Las encuestas daban antes del atentado una amplia ventaja al alcalde frente a la aspirante republicana Nicole Malliotakis, que tenía la última oportunidad para recortar distancias. También se opone a que prejuzgue a la comunidad musulmana. Pero aunque dijo que la policía de Nueva York es “la mejor del mundo”, sugirió que los azules carecen de las herramientas para luchar contra las nuevas formas de terrorismo.

El independiente Bo Dietl, sin posibilidades de victoria, fue directo al ataque y defendió que se vigile más de cerca de las comunidades musulmanas como medida preventiva. Malliotakis y Dietl, que fue detective de policía antes de montar su propia empresa de seguridad, evitaron sacar tajada política del atentado pero si aprovecharon para criticar al De Blasio por ser más reactivo que proactivo.

La mezquita junto al apartamento del autor de los atentados, en la localidad de Paterson, fue investigada en el marco de un controvertido programa antiterrorista de la policía de Nueva York. El alcalde puso fin a estas tácticas que siguieron sus predecesores tras el 11-S en respuesta a las quejas de las organizaciones que defienden los derechos civiles y porque consideró que son contraproducentes.

El alcalde defendió la estrategia de seguridad seguida durante los últimos años en Nueva York para reducir el crimen, que está a niveles históricamente bajos. Sin embargo, asumió que faltó a la promesa de reducir el número de personas sin techo, un problema al que no se le ve solución a corto plazo pese a su plan para elevar el acceso a viviendas asequibles. “Es un claro problema de gestión”, según Malliotakis.

Bill de Blasio volvió a presentarse como la mejor opción para combatir la desigualdad social y económica entre los neoyorquinos, que está partiendo la ciudad en dos. Defendió así una tasa dirigida a los millonarios para pagar las obras de modernización del metro. También aprovechó para presentarse como la antítesis a las políticas del presidente Donald Trump y de los republicanos en Washington.

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